Hola, Mujer-Templo




–Hola, Templo de Cristal y Roca –le habló a la Montaña Viviente, aquel Santuario pétreo, estático e inmutable.
–Hola, Mujer–Templo –le devolvió el saludo aquel Ser, reconociéndola a ella como un Temenos, como Tierra Sagrada en Movimiento.

Recuerdo estar sobrecogida ante la enormidad, belleza y energía de las montañas y rocas de Sedona (Arizona), cómo emanaban soberanía y grandeza con sus vórtex.

Las montañas no se “agacharon” para conversar conmigo. No se hicieron ni un ápice más pequeñas a nivel energético, ni me subieron tiernamente en sus faldas para consolarme: esa no es la vibración de estas tierras. Las montañas y rocas me invitaron a que me hiciera energéticamente tan grande como ellas, y desde allí las hablase como a iguales.