BAILAR PARA TI MISMA



Ella encendió unas velas de colores y las fue dejando por todo el salón, en una mesa, en el suelo… Puso una música suave y… bailó para sí misma.

Bailó en su honor, sin un porqué. Nunca lo había hecho anteriormente.

Honró su vida, su cuerpo y las decisiones que había tomado en el pasado.

Se agradeció el coraje de estar atravesando todos aquellos cambios y prometió aprender a amarse y a respetarse en el camino.

–Deseo abrirme al mundo como una flor –habló desde lo más profundo de su corazón a su imagen en el espejo, que le sonreía dulcemente de vuelta.

Hasta las arruguitas de su cara le parecieron más amables que hace un tiempo.

Ella pensó en la cantidad de cosas que había aprendido en el último año y se agobió al darse cuenta de todo lo que quedaba aún por saber.

Pero entonces recordó el Almendro que había visto en el mes de enero junto a su portal.

–¿Ya te han salido los brotes? –le había susurrado al árbol muy preocupada–. ¡Pero si todavía queda mucho invierno y todas las heladas! Pero el árbol no se había equivocado de fecha. Los brotes pasaron de ser unas minúsculas puntitas marrones, a crecer lentamente en tamaño y cambiar de un verde oscuro a un blanco rosado aún sin formar por dentro. ¡Florecer lleva su tiempo!, parecía decirle el almendro cada vez que se quedaba mirándolo.

–Florecer lleva su tiempo –le dijo su propia Alma, devolviéndole su mirada de luz en el espejo.


Myriam Aram


Démonos ese tiempo para poder florecer desde el alma Que tengáis un precioso día.




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