MUJER-TORTUGA


Mujer-Escorpión se acercó a Mujer-Tortuga para que le ayudara a cruzar el Río.

Mujer-Tortuga era una veterana experta en el fluir equilibrado de las aguas, en vadear las crecidas y evitar los remolinos. Sabía aventurarse más allá de las nieblas que ocultan y disfrazan y, por ello, al mirar a su compañera reconoció en su expresión rígida y distante el aislamiento de quien ha construido un foso a su alrededor para evitar ser atacada.

Mujer-Tortuga le sonrió y bromeó con ella como haría con una vieja amiga, dejando que su voz irradiase la luz del sol de su corazón. La cálida caricia traspasó las escamas acorazadas de la mujer calentándola por dentro… De su boca y mirada surgieron sonrisas sinceras y desarmadas.

En el tiempo en que Mujer-Tortuga le acompañó en la travesía de aquel complicado Río, pudo conocer también a las otras “energías animales” que habitaban en su compañera de viaje: la robusta Osa, la hermosa Libélula, la previsora Ardilla, la libre Gaviota…

Sin embargo, nada más tocar la orilla contraria del Río con sus pies, el temor y la desconfianza volvieron a aparecer en los ojos de ella dilatándole las pupilas…

En cuestión de segundos volvió a convertirse en Mujer-Escorpión.

Reaccionó con frialdad, volcando su venenoso fuego en su acompañante y dándole la espalda para seguir con sus asuntos.

Mujer-Tortuga la observó partir, pensativa.

–¿Te picó? –le preguntó enfurecida una buena amiga suya, al ver cómo esta masajeaba lentamente su pecho.

–Me lanzó su aguijón, pero solo dolió porque el veneno ya lo tenía yo dentro –le respondió Mujer-Tortuga sonriéndola–. Y me ha mostrado que aún no amo plenamente el Escorpión que vive en mí.

–Pero no volverás a llevarla a través del Río, ¿no? –le preguntó su buena amiga.

Mujer-Tortuga negó con la cabeza. –Solamente la volvería a llevar si fuera capaz de acompañarla en ese amor que no espera nada, aceptándola tal y como es, y sin desear transformarla.

Hasta que no suceda eso, hasta que no convierta en medicina mi propio veneno, seguirá siendo una dolorosa maestra en mi sendero de la cual prefiero alejarme.

Y sinceramente creo que, si algún día yo lograra esa transformación –sonrió–, la vida no la traería a mi orilla, porque ya no tendría sentido, porque ya habría cumplido su función.

«Gracias por ser espejo, gracias por ser valiosa enseñanza y mensaje», dijo interiormente Mujer-Tortuga pensando en su compañera de travesía.

Myriam Aram

_______

Gracias a todos nuestros Maestros-Espejos.

¿Podéis identificar en vuestra camino a Mujeres/Hombres que llevaron esta Medicina a vuestra vida?

Abrazos llenitos 💜 .

La bella ilustración es de Caroline Manière. . .

© del Texto: Myriam Aram

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