❤️ HELLO, VULNERABILIDAD

20 Feb 2020

 

 

 

 

 

El otro día Sara, una hermosa mujer que sigue mi página desde hace ya bastante tiempo, me invitó con infinito cariño a ir cuando quisiera a su casa en Argentina. 

 

–No sé si tendrás pareja, si es así también puede venir, y si no ven con una amiga –decía en su mensaje. 

 

 

Entre el profundo agradecimiento que sentí al leerlo, había un poso de tristeza. 

Ella, que me leía y acompañaba desde hacía bastante tiempo, apenas sabía de mi vida… porque aunque escribo a corazón abierto, suelo publicar únicamente textos, cuentos o poemas.

 

Porque, en mi miedo a que me hicieran daño gratuitamente, he estado filtrando y separando lo que consideraba “material personal”, sin compartir historias cotidianas o importantes de mi vida. 

 

 

Hace cinco años, cuando comencé a escribir en mi página, le daba al botón de publicar con aprensión, casi cerrando los ojos, leyendo después los comentarios con el pecho encogido al imaginar que iba a encontrarme con críticas, insultos… Así estuve una buena temporada.

 

 

Este dolor-miedo comenzó en el colegio al que iba de niña, y en mi hogar.  

Yo era la gordita de la clase en un curso que, para bien y para mal, había reunido a un porcentaje elevado de chavales bastante crueles. Los insultos, las burlas… eran mi pan de cada día.

En casa tenía un cóctel de juicio, vergüenza, abandono, rechazo … aderezado con topping de karma de otras vidas por mi parte. 

 

Ahora sé que todo ello “me lo pedí”. Quería experimentarlo. 

Porque uno de mis temas a sanar es la Confianza. 

 

 

Confianza en que no me hagan daño, confianza en las personas… 

Pero, ¿cómo confiar en que no te hagan daño, en este mundo nuestro lleno de personas que tenemos heridas, que interpretamos y juzgamos según nuestras experiencias del pasado, que la mayoría de las veces no somos conscientes de nuestras acciones? 

 

 

Mi corazón me susurra que nadie me puede hacer daño. Que otros solo pueden señalar donde ya hay una herida previa.

Que solo así nos hacemos conscientes de ellas, pudiendo iniciar el camino a su sanación. 

 

 

El día que recibí el mensaje de Sara pensé en todo lo que me estaba perdiendo por no abrirme más. 

En la conexión con otras personas que podrían recibir inspiración para sus vidas si compartía también momentos, estados, sentimientos… de lo personal. 

 

 

❤️ No quiero dejar de compartir contigo el relato probablemente más poderoso: el de la historia real. 

 

A partir de hoy abro esta puerta que mantenía entornada, porque sé que el Amor necesita espacio para seguir creciendo.

 

 

A ti que estás leyendo, gracias por compartir este momento conmigo. 

 

 

Que tengas un precioso día, 

 

 

Myriam

 

 

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