Dejarlo todo por amor... a uno mismo

15 Mar 2016

 

 

 Estamos tan ACOSTUMBRADOS A HACER LO QUE NO QUEREMOS para CONSEGUIR LO QUE QUEREMOS que vendemos nuestra ALMA con una naturalidad pasmosa. 

 

 Hola amigos, ante ayer leí un escrito de una mujer dulce y sabia, Luzclara Camus, y sus palabras fueron palabras-bálsamo para mí. Me hace muy feliz compartir con vosotros esta reflexión.

 

Para los que no la conozcáis, Luzclara es una abuela chilena que lleva mucho tiempo ya recorriendo tierras para compartir su sabiduría y su medicina con las personas. El año pasado no pude asistir a uno de sus talleres en el Valle de Yeste, y llevaba meses acariciando la fecha en la que estaba previsto que retornara a España. 

 

Pero Luzclara no va a venir este junio. De hecho, parece que ya no va a venir más. Ante ayer lo explicó en su mensaje: en su último viaje al Valle Sagrado de Perú, ha sentido en todo su ser la urgencia de abandonar todos sus planes y comenzar una nueva vida. De despojarse de todas las obligaciones y dedicarse en cuerpo y alma a la esencia regresando al Valle Sagrado, ese lugar que ha enamorado a su alma y donde comenzará una nueva etapa de su vida. 

 

 Luzclara tenía una gira de talleres por España programados por sus organizadoras desde hace casi un año. Hay gente que ya ha pagado para reservar su plaza y preparado el transporte. 

 

¿Qué hubiéramos hecho casi todos nosotros si hubiésemos sentido esa gran corazonada, pidiéndonos detener absolutamente todo y cambiar de vida?  

 

 Yo creo que la gran mayoría le hubiésemos respondido a nuestra alma: «¿Pero cómo voy a dejarlo todo ahora? ¡Vaya faena que les haría a las organizadoras y a las asistentes de los talleres! Mira, mejor espero cinco o seis meses e imparto los cursos, quedo bien con todo el mundo, y de paso voy ahorrando para la nueva etapa.»  Al menos creo que eso es lo primero que se me hubiera pasado por la cabeza a mí.

 

 Creo que en general estamos tan acostumbrados a hacer cosas que no queremos, a aguantar a personas con las que no queremos estar, trabajos que no nos gustan, etc, para conseguir lo que queremos (o lo que creemos que queremos)… que no nos cuesta nada darnos largas. Que hemos naturalizado eso de poner los deseos de nuestra alma en un lugar donde no moleste al “planning” de nuestra organización económica y social. 

 

 Pero poner los deseos de nuestra alma en un segundo lugar hace que nos pongamos profunda e irremediablemente tristes por dentro: algo en tu interior empieza a desconfiar de ti, porque te has demostrado que para ti no eres lo primero. Porque si fueras una prioridad, por muchos engorros, molestias, daño o enfados que pudieras provocar a tu alrededor por tomar esa decisión que te hace feliz, la tomarías de todas formas. 

 

  Y es por este desplante, por este “darnos por hecho” a nosotros mismos y aplazar nuestros sueños, que se abre una herida que llora en nuestro ser.

 

  –No puedo posponer este llamado urgente, va la evolución de mi alma con ello. Y no es que esté abandonando nada ni a nadie, es sólo un momento de vida de esos cuando nos cae un rayo y entendemos de una vez otra realidad y ya no puedes regresar a lo antiguo. El Pachakuti (Cambio de los Tiempos) se me desveló y comprometí mi alma –dice Luzclara en su escrito. 

 

  Creo que así estamos todos, comprometiendo nuestra alma cada vez que nos damos largas, cada vez que priorizamos con las necesidades de nuestros padres, hijos, amigos, negocios… en vez de con las nuestras. 

 

 Puede que alguno piense que priorizar con uno mismo es ser un gran egoísta. De hecho, nos han educado diciéndonos que ser “buena persona”  significa sacrificarse por los demás. Pero una persona que sacrifica lo que su corazón desea va acumulando tristeza, amargura y frustración en su interior. ¿Y qué podemos aportar a los demás sintiendo estas emociones? Dudo mucho que sea alegría y gozo de vivir. Es por eso que haciéndonos cargo de nuestra propia felicidad podremos transmitir a nuestra gente (hijos, padres, amigos…) lo mejor de nosotros día a día. 

 

 Me pareció tan hermoso, tan puro, tan sincero este acto de Luzclara de dejarlo todo por amor… por amor a ella misma… que su gesto se ha grabado en mi pecho, y deseo haber sido capaz de transmitir bien ese mensaje.

 

 Tomar las decisiones que nuestra alma nos pide requiere valentía, es cierto. Pero aceptar los retos que aparecen hace que crezcamos, que seamos mejores personas, más capaces, más fuertes… Que seamos realmente nosotros. Que nos convirtamos en quienes hemos venido a ser.

 

  Creo que no puede haber mayor alegría que la surge al perseguir lo que nos hace ilusión, ¿no os parece? Alegría de la buena, de la duradera. Esa que todos deseamos encontrar. 

 

 Que tengáis un maravilloso día, amigos. Muchas gracias por compartir este ratito conmigo ;) 

 

 Un abrazo muy fuerte, 

 

 Myriam Aram.  

 

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Foto: Pisac. Valle Sagrado de Perú

 

 

 

 

 

 

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